29/3/16

Canto



Muero… Poco a poco… Mi carne se evapora como el rocío en la alborada. Me esfumo en la distancia cual fantasma que halla paz.
Muero… Poco a poco… Junto a la luna devorado por la sombra de la Tierra cada mes y me retiro de la playa como ola cuando baja la marea.
Muero… Poco a poco… Unido al sol, cuando se pone en el horizonte lejano. Se van la luz, el calor y los colores con la promesa del mañana. Esperanza mágica de otro día disuelta en las aguas del río.
Muero… Poco a poco… En el susurro de la arboleda con el viento que espera y si sopla, soy onda de mies que se balancea madura.
Muero… Poco a poco… Cuando se empaña el espejo al afeitarme, e igual sigo como un burro que gira y gira, uncido al molino de trigo. Y escucho mi risa de niño que, antes de tener barba, se lava las manos.
Muero… Poco a poco… Con cada amigo que se va, pero lo busco en mi memoria o en la de otros y, ya somos tantos que, en mi sinrazón formamos el equipo del sudario blanco, en la cancha del purgatorio. Hoy anota un santo y mañana Satanás.
Muero… Poco a poco… Porque nos multiplicamos sin concierto ni control. Sumamos bocas y lujos que estrujan al planeta como a una fruta en busca de sus últimas gotas. Dementes olvidamos que ella cambia y sigue, con o sin el hombre.
Muero… Poco a poco… Durante cada atasco del tránsito, mientras intento avanzar entre la multitud y en las prolijas hileras pacientes ante los cajeros, humanos o automáticos. También en las de los restaurantes, las de los ascensores y a las que me obliga cualquier trámite público o privado. Horas, minutos y segundos de vida que se suman como desperdicios, por el solo hecho de vivir amontonados.
Muero… Poco a poco… Si ya me he ido, en tu memoria y soledad. No por partir antes te habré querido menos, y mis ansias te buscan más allá.
Muero… Poco a poco… Para que mi alma sepa. La imaginación se ha hecho locura, y la escritura me ha dado claridad. Con una recorro el universo y con la otra lo muestro. Sin embargo, la respuesta es tan enorme que no cabe de este lado de la vida.
Me anclo al recuerdo de tu amor y miro por las noches aquel lucero que vio nuestra pasión. Somos como esos volcanes submarinos que por fuera parecen ya de piedra, pero por dentro sigue, secreta, la riada de lava ardiente.
Son más los años que llevamos juntos que, antes de  conocernos, separados. Y las paredes que nos cobijan están formadas por ladrillos de afecto, de lágrimas y de risas. Son tan gruesas que ellos nos sobran, y con dicha, los regalamos.
 Muero…Poco a poco… Y está bien… Soy humano y soy feliz. Por eso estoy aquí, inmerso en el ciclo natural de las generaciones.
Muero… Poco a poco… Y está bien… Al llegar los gorriones que desayunan lombrices en el césped y los colibríes que visitan: esta sí, esta no, las flores del jardín.
Muero… Poco a poco… Y está bien… Cuanto más poco, mejor, pues si mi alma aún no sabe, deberá volver y preguntarle a otro de qué se reía la carcasa de mi cuerpo cuando la dejó.


Carlos Caro
Paraná, 24 de marzo de 2016
Descargar PDF: http://cort.as/dXOj



1 comentario:

  1. Casi un poema, Carlos. Dan ganas de cantar esta misiva, que empieza con tristeza y cierta desesperanza para acabar remontando el vuelo y llenar las líneas de sosiego e ilusión. Todo un viaje, amigo.

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